2 de septiembre de 2016

LOS EXITOS DE RIO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR TRAS LOS JUEGOS

Finalizados los Juegos Olímpicos, con la actualidad llena de titulares de escándalos políticos y el "milagro económico" de hace unos años seriamente comprometido, hay muchas posibilidades de que Brasil, y Río de Janeiro, dejen de protagonizar la agenda informativa. Y sería un error, porque al margen de grandes eventos y de los vaivenes económicos y políticos, Brasil sigue siendo uno de los grandes laboratorios socioculturales de América. Estos días, el diario el Mundo sintetizaba en un reportaje el proceso de recuperación y transformación de la favela de Vidigal, un ejemplo de urbanismo social que se estudia en Harvard y que ha merecido el premio SEED al diseño de Interés Público en el año 2015. Vidigal se ha convertido en un punto de atracción turística en los últimos años. Aquí podéis consultar la opinión de unos bloggers especializados en viajes que se alojaron allí durante el Mundial de Fútbol.
Conocida en algunos medios como la favela "pija" (la leyenda urbana dice que David Beckham se ha comprado una casa allí), Vidigal es una barriada situada en una colina en la zona Sur de Rio de Janeiro, con unas impresionantes vistas sobre la ciudad. Siempre una zona humilde, en la década de los 80 su entorno empezó a degradarse de manera acelerada, convirtiendo buena parte del espacio en un vertedero incontrolado de basura y en campo de acción para las mafias del tráfico de droga. En esa misma época, un vecino, Mauro Quintanilla, decidió abandonar su profesión de músico y dedicarse a retirar la basura con sus propias manos. Al principio, hasta su familia lo consideraba un loco. Con el tiempo, a la iniciativa se sumaron otros vecinos, se fueron ganando espacios, improvisando equipamiento deportivo y educativo (desde el 2015 cuentan con una escuela inglesa), y se sumó a la iniciativa el arquitecto Pedro Henrique de Cristo. Uno de los elementos icónicos, los neumáticos del vertedero, se han convertido ahora en material constructivo para delimitar zonas, creando muros de maceteros que se convierten en bancales de plantas.


El propio arquitecto señala la importancia de desarrollar modelos de desarrollo urbano capaces de transformar las zonas de infravivienda, en las que vive hoy la séptima parte de la población mundial pero que pueden albergar a un tercio de la misma en el año 2050. Algunas de las recetas las apunta la propia experiencia de Vidigal: la implicación de los vecinos; la colaboración entre las personas que viven en el espacio y los expertos arquitectos y urbanistas que pueden elaborar sobre esa experiencia; la importancia de los equipamientos educativos, de ocio y deportivos como recetas que rompen las dinámicas de abandono escolar, violencia... Durante las últimas décadas, el término favela ha sido sinónimo de abandono, violencia y descomposición del tejido social; pero experiencias como ésta nos recuerdan la capacidad de una comunidad para tomar las riendas de su futuro y redefinir su propia realidad social.

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