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5 de marzo de 2012

EJERCICIO QUE “ENGANCHA”


 Hace unos meses preguntaba a mis alumnos de segundo de fisioterapia cuáles son los beneficios que reporta el ejercicio aeróbico, y cuáles habían experimentado por sí mismos. Se mostraron muy participativos y entre todos enumeraron la larga lista de sus beneficios físicos, psíquicos y sociales. A continuación les pregunté si habían oído hablar del término “green exercises”, “exercises outdoors” y biofilia; ninguno de ellos asintió…
Los beneficios del ejercicio físico han sido ampliamente estudiados por la comunidad científica internacional y son bien conocidos entre la población general; además, quien más y quien menos, alguna vez ha practicado algún deporte al aire libre, en el medio natural. Sin embargo, a nivel académico y científico, la conjunción de ambos conceptos está empezando a despuntar. Cada vez son más los autores que se interesan por el potente binomio ejercicio físico y naturaleza.  
A menudo me pregunto porqué, si todos conocemos las numerosas ventajas de hacer ejercicio, nos cuesta tantísimo incorporarlo en nuestra vida como un elemento más de nuestra rutina diaria, como ducharnos o comer… La respuesta  quizás sea la pregunta de una interesante línea de investigación: ¿podría la prescripción pautada de “green exercises” mejorar la adherencia a un plan de tratamiento basado en el ejercicio físico? 
En este sentido, los países nórdicos nos regalan un gran ejemplo: “nordic walking” o  “sauvakävely”. Se trata de un tipo de marcha llevada a cabo con  unos bastones especiales, que nació en Finlandia, país en el que se practica desde hace muchos años el esquí de fondo como deporte nacional. La marcha nórdica libera la carga de las articulaciones de los miembros inferiores, activa notablemente el tren superior (brazos, hombros, tórax, abdominales…), produce importantes mejoras a nivel cardiorrespiratorio, aumenta el consumo de energía, etc. Pero si algo tiene de especial es que es un deporte que “engancha”. Los numerosos practicantes de la marcha nórdica forman ya parte de los hermosos paisajes finlandeses. Aunque los estudios científicos sobre este deporte se han centrado en estudiar los beneficios que reporta a nivel físico en comparación con la caminata corriente o la carrera, yo estoy convencida de que no tendría a penas éxito si se practicase en el suelo cementado de un pabellón cerrado… estaríamos amputando una parte sustancial de este deporte: el contacto con la naturaleza… y lo bien que este sienta a nuestras hormonas del estrés y del bienestar…
Bastones de Marcha Nórdica
 
*Os contaré mi experiencia personal en tierras finlandesas con este deporte en una próxima entrada…
                                   

18 de mayo de 2011

Naturaleza y calidad de vida

Por Ana Lista Paz

El pasado año un grupo de investigadores de la Universidad de Copenhage estudió la relación que existe entre los espacios verdes y la salud de la población, objetivando la calidad de vida y la propia percepción del estrés. Para ello se contó con una muestra de 11.238 sujetos. Los resultados demuestran que las personas que viven a más de 1 km de las áreas verdes tienen peor salud en relación a su salud-calidad de vida. Además, estos mismos sujetos tienen mayor probabilidad de experimentar estrés que aquéllos que viven a menos de 300 m de dichas zonas. Stigsdotter UK et al. concluyeron que existe una relación, estadísticamente significativa, entre la distancia residencial a las zonas verdes y la salud, en concreto, en relación a la calidad de vida y a los niveles de estrés.

Mientras analizaba este artículo pensaba en As Salgueiras, en las actividades que allí se realizan, y en mis vivencias. Desde mi propia experiencia sé lo relajante que resulta un paseo por la finca, dejándote invadir por la naturaleza en estado puro, respirando el aire fresco, visitando a las vacas cachenas, o simplemente, contemplando a la manada mientras pasta, con Jacinto y Paquita merodeando.

Basándonos en este y otros muchos estudios similares, y sumando nuestra experiencia personal y profesional, promulgamos los espacios naturales como una excelente manera de promocionar la salud, abogando por una prevención primaria.

23 de febrero de 2011

Un reflejo animal

Por Ana Lista Paz


El pasado fin de semana, asistí, junto con mis compañeros de CEFINE, Antonio, Lucía y Serafín, a un curso de terapia asistida con burros organizado por la Asociación A.N.D.R.E.A. Hoy quisiera prescindir de todo dato estadístico y referencias bibliográficas, para compartir con vosotros una experiencia que ilustra la riqueza de la Terapia Asistida con Animales (TAA). En el aula nos esperaba Piña, un simpático y sociable gallo. Se dejaba acariciar por todos y descansaba en el regazo de quien lo quisiese acurrucar. Otras veces vagabundeaba por la sala, con mucha discreción. El segundo día, Piña traía acompañante: su amiga Sara, una perra color canela, de orejas largas, facciones dulces y expresión relajada. A veces se acercaba a nosotros anhelando mimos, nos olisqueaba o descansaba en algún rincón, ofreciéndonos su compañía.

Al principio no entendía muy bien el objetivo de nuestros singulares compañeros de pupitre, al fin y al cabo, ellos no nos iban a hablar de la plasticidad neuronal, ni nos iban a ilustrar la metodología de la asinoterapia. Pero el segundo día ocurrió algo que le dio sentido a todo aquello. Estábamos debatiendo sobre el aspecto económico de las TAA, cuando los ánimos del aforo empezaron a caldearse, incrementándose la tensión en cada palabra. En el clímax de aquel revuelto gallinero, Piña comenzó a cacarear cada vez más y más fuerte, moviéndose agitado por toda el aula, mientras Sara, meneando nerviosamente su rabo, describía círculos alrededor de las mesas. En aquel momento, nuestros compañeros animales eran un fiel reflejo de nuestro comportamiento. Habían captado la mala energía de aquella sala, y nos devolvían lo mismo que les estábamos dando. En un momento, Marcos (un chiquillo de unos ocho años amigo del gallo) dijo: —¡Piña nos está diciendo que hay que cambiar de tema! Los ánimos pronto se calmaron, y todo volvió a la normalidad. Sara se quedó plácidamente dormida en medio de la sala y Piña descansó tranquilo en los brazos de Marcos.

Esta pequeña anécdota es un gran ejemplo de cómo los animales se convierten en mediadores sociales, captando magistralmente nuestra energía, y devolviéndonos lo que reciben. Así, entre humanos, los animales son un nítido reflejo de nuestro comportamiento social.

Sin duda, Piña y Sara tenían mucha cabida entre nosotros.


29 de diciembre de 2010

¿Por qué nos acogen los animales?

Por Ana Lista Paz (Investigadora de CEFINE)

De acuerdo con la Hipótesis de la Biofilia, acuñada por Edwar O. Wilson en 1984, los seres humanos tenemos una afiliación emocional, genéticamente determinada, hacia otras criaturas vivas, tanto vegetales como animales. Así, el contacto con la naturaleza nos reporta importantes influencias en el conocimiento, la salud y el bienestar. Por ello, la biofilia se corona como parte indisoluble del éxito de las terapias asistidas con animales (TAA)

La Biofilia nos explica por qué los humanos necesitamos estar en contacto con el entorno natural, pero ¿y los animales?, ¿por qué ellos nos acogen tan bien entre los suyos? Cito una frase de Lucy Rees, experta etóloga equina: «Una vez que han aprendido a no temer a las personas, los caballos tienden a generalizar sus sentimientos sociales y los proyectan hacia nosotros: nos convertimos, como si dijésemos, en caballos honoríficos. Si rascas el lomo de un caballo, él te rascará tu espalda como si fueras un caballo; si ofreces tu amistad a un caballo solitario, él te tratará como a un amigo; y si muestras las cualidades de audacia y sentido común propios de un líder, te seguirá incondicionalmente».

Leyendo entre líneas, descubrimos en las palabras de Lucy Rees una de las grandes riquezas de las terapias ecuestres, íntimamente ligada a la biofilia: la capacidad del animal para aceptarnos tal y como somos como sus compañeros de juego. Los caballos no nos juzgan por nuestro color de piel, por nuestra belleza o por nuestra inteligencia… sencillamente perciben, de manera innata, el complejo mundo de la comunicación no verbal, acogiéndonos y aceptándonos plenamente, tal y como somos como personas. Probablemente este sea uno de los principios por los que las terapias asistidas con animales nos reportan bienestar, mejoras en la interacción social y aumento de la autoestima. Cuando trabajamos en el mundo de la discapacidad, esto último cobra especial sentido e importancia.