1 de marzo de 2013

Tiempos Dificiles

 
Fuente BBC Mundo
 Hace años, navegando de noche a la vista de las costas haitianas, resultaba impactante la oscuridad de aquellas tierras, en contraste con la iluminación que perfila las costas del las islas caribeñas de barlovento. Apenas unas trémulas y dispersas hogueras se distinguían en una oscuridad que bien podría corresponder a otras épocas cuando la electricidad no se había inventado. Esa visión me recordó un documental del Comandante Custeau sobre la isla. La pobreza de sus habitantes les obligaba a talar los pocos árboles que quedaban para cocinar sus alimentos. A consecuencia de las talas indiscriminadas, las lluvias provocaban la erosión de los terrenos que arrastraba a los corales grandes cantidades de tierra y detritus que acababan por matar las barreras coraliferas y la vida que albergan. A consecuencia de ello, la pesca había desaparecido y se había establecido un círculo de pobreza y destrucción incrementando las desgracias de aquella gente desesperada.
En el enlace que se adjunta, se informa de cómo los griegos agobiados por la crisis, cortan los árboles de sus parques y del monte Olimpo, donde habitaban sus dioses, para calentarse. Con frecuencia comento que el espacio público es el mejor indicador de la autoestima de una comunidad y esa visión de los jardines talados por los atenienses, me hizo caer en la cruda realidad de que la angustia económica, hace desaparecer cualquier vestigio de dignidad.
Esta semana pasaba por una carretera secundaria y comprobé horrorizado que lo que hasta hace poco componía un típico paisaje de Galicia colmado de frondosas y caducifolias, ahora se habla talado a matarrasa. Cuando pregunte porque se estaban cortando todos los robles, me contaron que al estar tan caro el gasoil y el gas de calefacción, la gente estaba talando las fragas para calentarse y cocinar en las viejas cocinas bilbaínas.
Quizás sea porque estoy especialmente sensibilizado, pero ahora me parece ver en todas las carreteras, pilas de Robles talados y aprecio como han proliferado pequeños negocios que venden madera para calefacción. No solo estamos destruyendo el paisaje acabando con un recurso que ha llevado cientos de años para alcanzar el porte de los Robles majestuosos que ahora aparecen troceados en rachones, estamos despilfarrando una madera que bien podría tener otros usos de mayor valor añadido y destruyendo el habitat de cientos de especies. Sumado a la estampa que se presenta ante nuestros ojos asombrados, nuestro olfato refleja que estamos quemando la madera en calderas de muy mala eficiencia, generando contaminación y emisiones de CO2.
Por otra parte, el mismo día me entero que las infraestructuras que creamos con ingentes cantidades de dinero para reciclar los electrodomésticos que se retiran de nuestras casas para evitar las emisiones de CFCs que provocan el agujero de la capa de ozono, están parando porque la gente recupera en casa el cobre y otros materiales que tienen valor y después tira en vertederos incontrolados lo que no es aprovechable y al tiempo mas contaminando. Hace falta remontarse decenas de años para ver como ahora, vertederos incontrolados en el monte con viejas pantallas de televisión y ordenador repletos de plomo, cadmio y otros venenos que acaban en los manantiales y a través estos en la fauna y en nuestros propios organismos.
Como si las acontecimientos se confabularan, me dice un técnico de la administración que algunas actividades industriales que en época de riqueza acumularon balsas enormes de productos contaminantes, ahora por culpa de la crisis, no hay dinero para mantenerlas y están contaminando ríos y manantiales. El consumo de estas aguas con abundancia de metales pesados, en determinadas zonas de Galicia ya están en el agua de consumo y coincide su influencia con alarmantes estadísticas de enfermedades infantiles.
Por otro lado, con la disculpa de los puestos de trabajo importantes lobbies de presión están consiguiendo que se abran las puertas a proyectos de gran impacto y dudoso rigor medioambiental.
Los indicadores que aparecen  todos los días en los medios analizando la crisis, obvian las afectaciones, a la salud, al paisaje, a la naturaleza y a la dignidad de las personas, pero al lado de las estadísticas de paro o del PIB, deberían aparecer los partes médicos, las daños causados por los vertederos incontrolados, el pan para hoy y el hambre para mañana que representan las fragas taladas y de la tristeza que supone comprobar como a costa del futuro –igual que ocurre con los haitianos y los griegos-, en tiempos de crisis, se intenta resolver el presente de forma desesperada, aunque eso suponga sacrificar la esperanza en el futuro.

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