6 de marzo de 2015

ROTONDA, JARDÍN Y FIASCO

Desde un punto de vista técnico, una rotonda es, simplemente, una herramienta de planeamiento urbanístico que permite agilizar el tráfico rodado. Frente a la sucesión de paradas alternativas a las que obliga una intersección, una rotonda da mayor fluidez al paso de vehículos, que se autorregula en función de las normas de precedencia y genera un  carril circular que, en general, evita las detenciones. En comparación con un cruce, una rotonda perjudica a los peatones, que se ven obligados a recorrer una mayor distancia (una serie de segmentos de arco en lugar de seguir en línea recta o hacer un giro de 90º).

Un equipo de ingenieros y arquitectos han creado un grupo de trabajo para medir el impacto de las rotondas en el territorio, ante la sensación de que en los últimos años este recurso se ha extendido en demasía en España. Además, los fundadores de Nación Rotonda, querían analizar el porqué del exagerado diámetro de algunas rotondas, que generan un enorme espacio interior que no parece justificarse por las necesidades de los vehículos. Las conclusiones de su trabajo muestran que un recurso aparentemente tan neutro y técnico como una rotonda puede ocultar malas prácticas en la gestión del espacio público. En una entrevista reciente, Guillermo Trapiello, uno de los fundadores del grupo, explicaba así el desmesurado tamaño de algunas rotondas: "en algunos casos, el espacio interior de la rotonda se califica como zona verde, como jardín". Esto permite cumplir los porcentajes de equipamiento urbanístico con zonas fantasma, que los ciudadanos no pueden utilizar, e incrementar el grado de construcción en otras zonas, que quedan así sin zonas de juego.
Además, el gran espacio interior se convierte en una zona susceptible de ser decorada con esculturas y otros tipos de ornamento. La inversión del 1% cultural nació para promover la actividad artística, pero en muchos casos se convierte en una vía para generar gastos de dudosa justificación. Como dice Trapiello con un ejemplo gráfico: "todo el mundo sabe lo que cuesta un metro lineal de bordillo, ahí no cabe el engaño, pero si hablamos de arte, la cosa cambia. Una lavadora cuesta unos 500 euros. Ahora, si le damos unos martillazos, la pintamos y decimos que es el monumento a la lavadora, ¿quién va a discutir un precio de 50.000 euros por la escultura, por la obra de arte?". Páginas como la de Nación Rotonda se nutren sobre todo de fotos y denuncias de ciudadanos alarmados o extrañados por el planeamiento del sistema viario. Su trabajo es un buen recuerdo de que no siempre las soluciones técnicas son lo que parece; si el número de rotondas nos parece excesivo a lo mejor es porque no se está regulando el tráfico, sino que se está "deconstruyendo" un jardín en varias pildoras. 

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