19 de marzo de 2015

TAL COMO ERAMOS


Como todo lo relacionado con el mundo de la infancia, la escuela o la pedagogía, el diseño de los parques infantiles no ha dejado de evolucionar a lo largo de los últimos cincuenta años. Nuevos materiales, mejores normas de seguridad, una mayor atención al diseño global y a la inserción del espacio de juego en el diseño urbano, criterios ecológicos y biofílicos... Por eso, de vez en cuando, no está de más volver la vista al pasado reciente para comprobar cómo se ha gestado esta evolución, cómo eran los parques en los que jugaban nuestros padres o nuestros abuelos y compararlos con los que hoy ofrecemos a nuestros hijos.

Es lo que propone la fotógrafa norteamericana Brenda Biondo en su libro Once upon a time a playground (que se puede traducir como el principio de un cuento "Había una vez un parque"), en el que recoge fotografías de parques americanos del período 1920/1975. El trabajo de Biondo ha merecido los elogios de medios como The Huffington Post o el Wall Street Journal. Revisar sus imágenes supone recorrer la historia de cómo se ha pensado la infancia a lo largo de buena parte del siglo XX. Ahora nos llama la atención la falta de elementos básicos de seguridad o el uso de metales con acabados poco adecuados. En ocasiones vemos que se trasladan al campo de juego, sin demasiada reflexión, elementos propios de los gimnasios como las anillas. A veces la imaginación se queda corta, y el parque son solo dos columpios; en otros casos, los parques americanos reflejan la obsesión de la época por la carrera espacial y crean un entorno digno de Flash Gordon, a la espera de un futuro que tampoco fue.

Al margen de su valor como elemento documental de un pasado que se escapa rápidamente, las imágenes de Biondo tienen una belleza magnética. Los parques vacíos nos invitan a imaginar los juegos que se desarrollaron en ellos, y a pensar en qué habrá sido de los niños que por allí pasaron. En cierto modo, los parques infantiles se parecen a los barcos: siguen siendo hermosos incluso cuando quedan abandonados, cuando el óxido dibuja sobre su superficie y son solo restos de un naufragio en los que suena el eco de mil historias.

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